
La pregunta que divide a los lectores (y lo que dice la neurociencia al respecto)
El 40% de los estadounidenses cree que escuchar un audiolibro no cuenta como leer.
¡Cuatro de cada diez!
Gente que, sospecho, también piensa que ver la película está muy bien,
pero que no es lo mismo que haber leído el libro.
Que el atajo merece un asterisco.
Entiendo el razonamiento.
Hay algo en el acto físico de pasar páginas, de subrayar, de perderte en una tipografía que a muchos nos parece irrenunciable.
El tacto, la tangibilidad, vaya, hasta el olor (aunque cada vez huelan menos a vainilla los libros).
Pero la pregunta de si el audiolibro «cuenta» mezcla dos cosas distintas:
— lo que nos gusta, por un lado.
—y lo que le ocurre a nuestro cerebro, por el otro.
Y ahí la neurociencia tiene algo que decir y, además, algo muy sorprendente.
En 2019, se usaron escáneres cerebrales para ver cómo responde el cerebro cuando las personas leen y escuchan los mismos relatos.
El resultado fue claro:
el cerebro procesa el significado de manera muy similar, independientemente de si el mensaje llega por los ojos o por los oídos.
Nuestra idea preconcebida, empieza a flaquear.
Pero, cuidado, nada es blanco o negro. Lo vamos a descubrir a lo largo de este artículo.
Nadine Gaab, neurocientífica cognitiva y profesora en la Escuela Posgrado de Educación de Harvard que hizo esa investigación, lo resume así:
Puede que tengas una preferencia, pero el aprendizaje es prácticamente el mismo, independientemente de la modalidad»
(Nadine Gaab, Harvard Graduate School of Education)
Gaab también desmonta el mito de los estilos de aprendizaje
—ese relato muy extendido de que hay gente «visual» y gente «auditiva»— y añade algo definitivo:
«No hay mucha diferencia entre la red cerebral para la lectura y la red cerebral para la comprensión del lenguaje».
Tu cerebro no sabe si estás leyendo o escuchando.
Procesa lenguaje.
El canal de entrada —ojo u oído— importa menos de lo que pensamos.
Y si todavía tienes dudas:
todos comenzamos escuchando audiolibros:
De niños, en el regazo de algún familiar que nos leía en voz alta;
o cuando se escuchaban historias en la radio;
o cuando en el colegio algún compañero leía en voz alta un libro que había seleccionado el profesor...
Si eso no contaba como lectura, nadie tiene buenos recuerdos literarios de la infancia.

Solo uno de cada doce españoles escucha audiolibros.
Es poco.
El número sube (en 2018 era el 2,4%, se ha multiplicado por más de tres en seis años), pero sigue siendo un formato minoritario.
¿Por qué, si la ciencia dice que funciona igual de bien y el tiempo libre sigue siendo escaso?
Creo que hay dos razones que se refuerzan (junto con lo que se había dicho sobre la tangibilidad del libro en papel..., sí, somos de tocar papel)
1ª razón: la culpa del atajo.
Esa sensación de que escuchar es hacer trampa.
2ª razón: la la falta de hábito real.
Mucha gente lo ha probado una vez, en malas condiciones, y ha concluido que el formato no es para ellos.
(En mis talleres y clubes de lectura había muchos lectores que no sabían ni dónde escuchar audiolibros).
Pero eso no es una conclusión sobre los audiolibros.
Es una conclusión precipitada sobre empezar algo sin ninguna rutina detrás.el.
Antilambda

El perfil del oyente de audiolibros en España es claro: joven, activo, con poco tiempo libre.
El grupo de 25 a 34 años lidera con casi el 13%.
El uso cae según sube la edad, lógico:
quien creció sin el formato no lo ha incorporado todavía o desconoce su uso. A
tilambda
Dicho todo esto, el audiolibro no es una bala de plata.
Funciona muy bien cuando tienes las manos ocupadas, pero el cerebro disponible:
conducir por la carretera, entrenar, cocinar algo sencillo, pasear, esperar en alguna sala...
En esos huecos del día que de otra manera serían tiempo muerto, el audiolibro no compite con la lectura en papel.
Ocupa un espacio en el que el papel puede hacerse más incómodo.
Por experiencia, cuidado:
funciona peor con textos densos que exigen volver atrás tipo ensayo filosófico, no ficción técnica, narrativa con estructura muy compleja...
Ahí el papel o el ebook ganan
sin discusión, no por mérito del soporte, sino porque algunos textos necesitan que los párrafos esperen.

Míralo desde este ángulo:
si el 46,8% de los que no leen —o leen poco— dice que el problema es el tiempo, el audiolibro no es un sucedáneo de la lectura.
Es una solución de ingeniería al problema real.
Pero hay un matiz importante que la mayoría de los defensores del audiolibro omiten, y que la neurociencia también recoge.
El neurocientífico de Stanford, Andrew Huberman, después de entrevistar a especialistas en memoria y lenguaje, concluye que tomar notas de lo que lees o
escuchas es el método más eficaz para recordar e implementar lo aprendido.
Escribir a mano activa centros de control motor del cerebro de una manera que ancla la información a la memoria de forma mucho más profunda que leer o escuchar sin más.
Un metaanálisis de 2014, titulado The Pen Is Mightier Than the Keyboard (La pluma es más poderosa que el teclado) comprobó que los estudiantes que tomaban notas a mano respondían mejor a las preguntas conceptuales que los que tecleaban.
Otro, de 2024, confirmó que quienes escribían notas y las revisaban después obtenían mejores resultados que los que simplemente escuchaban.
La conclusión no es que el audiolibro sea inferior.
Es que el formato da igual si no haces nada con lo que absorbes.
Aquí te propongo una técnica sencilla que funciona igual para libros en papel que para audiolibros:
1
—Anota las ideas, frases o consejos que te llamen la atención, junto con
el minuto aproximado en el que aparecen (o la página, si lees en papel).
—Escribe cómo podrías aplicar cada cosa. No qué dice el libro. Qué vas
a hacer tú con eso. Ese paso de síntesis es donde ocurre el aprendizaje real.
Simple.
Pero marca una diferencia enorme entre leer —o escuchar— y realmente aprender.
Mi posición, la misma que desarrollo en El efecto Ikea:
Los formatos no son rivales.
1. Papel para lo que exige papel.
2. Digital para cuando el papel no cabe.
3. Audiolibro para cuando ninguno de los dos anteriores es viable.
Tres herramientas para el mismo objetivo:
leer más y mejor, sin que la supuesta falta de tiempo te lo impida.
Si quieres empezar con el audiolibro y no sabes por dónde, aquí tienes las
principales plataformas en español: Audible, Storytel, Ebiblio (gratis con carné de biblioteca) y Podimo.
Un consejo:
empieza con algo que ya hayas leído. Así no gastarás energía en seguir el hilo y podrás decidir si el formato te funciona de verdad.
Un saludo.
Ángel Aguado